miércoles, 25 de abril de 2012

“PASCUA DEL CONEJO” EN UNA ESCUELA HOSPITALARIA

Nina Kruschewski cuenta su experiencia en “Velero de la Esperanza”, y cómo la atención a niños hospitalizados le ha convencido de formarse como profesora al regresar a Alemania.


Una de las fechas que garantiza alegría y multiplica sonrisas en cualquier entorno es la denominada “Pascua del Conejo”. Este año, en nuestra Escuela Hospitalaria “Velero de la Esperanza”, no fue diferente, y el evento se transformó en una jornada de enorme significación y positivo impacto en el estado anímico de niñas, niños y jóvenes que son atendidos en el Servicio de Cirugía Infantil y Pediatría del Hospital Base de Puerto Montt.

Pero no solamente los menores viven una experiencia significativa, también Nina Kruschewski, quien realiza un interesante trabajo de apoyo en la Escuela. “Vengo de Alemania, y allá esta fecha se celebra de una forma muy similar, con chocolates y todo, con la diferencia que se conmemora en primavera y que los niños tienen que elaborar sus nidos haciéndolos de pasto, después los reparten en los patios hasta el Viernes Santo. Así, los padres el sábado los dotan de chocolates, y el domingo en la mañana ‘pasa el conejito a dejar los huevitos’ (algunos de verdad, cocidos y pintados con tempera luego de vaciarles la yema y la clara con mucho cuidado)”, explica la joven europea.

“Estoy a bordo del ‘Velero’ desde comienzos de este año (enero, febrero), al principio estuve con mi compañera Camila, y el trabajo aquí me encantó, por eso me quedé y seguiré hasta fines de junio, cuando tenga que volver a Alemania”, parte contando Nina, quien arribó a Chile producto de conocidos de su familia, con el propósito inicial de darse un año libre para evaluar sus intereses de cara a una futura formación profesional.

Explica que le encanta el idioma español, y esa fue una de las razones que la motivaron a venir a nuestro país. Sin embargo, a los gustos conocidos sumó lo que estima puede ser el haber descubierto su verdadera vocación. “Siempre me gustaron los niños, pero una cosa es jugar un poco con los chiquititos de la familia o enseñar a alumnos desconocidos, pero ahora sé que estudiaré para ser profesora cuando vuelva a Alemania”, subraya.


-¿Cuál es el trabajo que habitualmente desempeña con las niñas, niños y jóvenes que se atienden en esta escuela?
Cada mes cambio el nivel escolar. Empecé en marzo con el profesor de la Enseñanza Básica; ahora estoy en la Enseñanza Media, y voy a terminar con la Educación Parvularia, y en cada nivel he estado acompañando y ayudando a los profesores en su trabajo. Por ejemplo, cuando los tíos tienen que tomar datos o ir a otro servicio, me quedo con los alumnos trabajando en la escuelita.

-Es imaginable que trabajar con menores en situación de enfermedad no es algo sencillo ¿Ha sido difícil adaptarse en corto tiempo a las condiciones de una escuela no tradicional?
A comienzos de año Camila y yo siempre trabajábamos juntas, y rápidamente nos acostumbramos a seguir las instrucciones que nos daban como requisito para entrar a las salas (manos lavadas, delantal, mascarilla). Pero lo que ha sido más difícil para mi ahora, desde que empezó el año escolar, es acordarme a cada rato que los alumnos están hospitalizados... Muchas veces lo pierdo de vista, quiero que aprendan y soy demasiado estricta en muchas cosas; quizás tiene que ver con mi nacionalidad –sonríe-, y de repente me acuerdo que ellos no están ahí para aprender, sino principalmente para sanarse, porque están enfermos, y eso debe ser lo prioritario.

-¿Podría describir la mejor experiencia o lo más agradable de su trabajo hasta ahora? Y ¿qué ha sido lo más complicado?
Es complicado encontrar una experiencia puntual. Siempre me pongo muy feliz cuando hay niños con los que me llevo muy bien, o si los papás agradecen el trabajo de los profesores del hospital, y lo más importante para mi es sentir que de verdad puedo ayudar. Porque, por ejemplo, el año pasado, cuando estuve en el Colegio Alemán como ayudante en el primer ciclo, en que también recibí muchas experiencias buenas, nunca aprecié ese sentido.
No obstante, lo más complicado para mi es ir a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), aunque también me gusta, porque uno sabe que los niños a veces te escuchan, aunque no siempre lo puedan demostrar.


En términos de evaluación de lo que ha sido su trabajo en nuestra Escuela Hospitalaria “Velero de la Esperanza” de Puerto Montt, Nina Kruschewski considera que el mayor aporte ha sido que le ha permitido establecer en ella la convicción de que quiere formarse como profesora. “Ahora sé muchísimo más sobre los niños, como piensan, cómo actuar frente a diversas situaciones, y todo eso nunca más en la vida lo voy a perder. Mucha gente en Alemania, y mucho más en Chile, entran a la universidad sin saber nada de su profesión, y luego después de 3 años de estudiar y pagar se dan cuenta de que tal vez lo que estudian no les agrada, tengo confianza en que a mi no me pasará eso”, concluye.